![De qué alimentos huir para evitar intoxicaciones alimentarias en pícnics veraniegos (y qué alternativas son seguras) El verano, las comilonas y las sobremesas forman parte del fiestón preferido de algunos microorganismos patógenos, algo que ya hemos explicado en Maldita.es. Ahora bien, lo cierto es que ni siquiera hace falta sentarnos a la mesa para montar todo un festín estival (tanto para nosotros como para las bacterias), ¿o tú nunca te has llevado una buena merendola a la playa o a la piscina? ¿También es importante tener cuidado con las intoxicaciones alimentarias en este contexto? Pues claro que sí. Al igual que en barbacoas, paellas o cualquier comilona en general, para evitar posibles intoxicaciones alimentarias hay que prestar especial atención a los alimentos escogidos, la forma de conservarlos hasta comerlos, el tiempo que están expuestos al calor y la vuelta a su refrigeración una vez hemos terminado. Aun así, hay algunos que suponen más riesgo que otros, en especial los que llevan huevo, arroz, pasta, carne o pescado crudos o la fruta troceada. Las alternativas las encontramos en las cremas frías, ensaladas o sándwiches y bocatas hechos en el momento. Cómo no, también las frutas y verduras enteras. Bacterias, calor e intoxicaciones alimentariasEl calor trae consigo un mayor riesgo de intoxicación, ya que la mayor parte de microorganismos patógenos se reproducen muy bien a temperaturas cálidas, especialmente entre los 25 y los 45 ºC. Esto les facilita llegar a su dosis infectiva (DI), el número mínimo necesario para poder producir una enfermedad, lo que no ocurriría de mantener el alimento a bajas temperaturas (refrigerado). Unido al factor temperatura, Beatriz Robles, tecnóloga de los alimentos y dietista-nutricionista, recordaba a Maldita.es que en verano tendemos a reunirnos más a comer al aire libre y a descuidar ciertas prácticas higiénicas, y las comilonas en la playa son el mejor ejemplo de ello. Al final, estamos cerca del suelo, toqueteamos arena o el césped, nos embadurnamos de crema, nos bañamos en el mar... En general, solemos estar en un modo más relajado lo que, en palabras de la experta, no ayuda precisamente a evitar las intoxicaciones.Qué comidas evitar en pícnics veraniegosRecetas con huevo, arroz, pasta y carne o pescado crudos, además de la fruta troceada: estos son, en general, los alimentos que no deberían ser bienvenidos en los pícnics que preparemos para comer en la playa o en la piscina. Dentro de los platos o productos elaborados con huevo, incluimos mayonesas (así que mejor no llevar un táper de ensaladilla rusa), merengues o cremas para los pasteles que hayamos preparado nosotros. Mejor huir de ellos, sobre todo si el huevo está crudo o poco cuajado. Ahora bien, una de las alternativas culinarias por excelencia en estas ocasiones es el bocata de tortilla. Y, ¿qué pasa con esta receta, sobre todo si está blanda, con el huevo sin cuajar del todo? Que nos harían huir a cualquiera de los que nos dedicamos a la seguridad alimentaria. Es muy peligroso, señalaba Robles en la Maldita Twitchería. Los huevos se contaminan a lo largo del oviducto de las gallinas y es fácil que tengan salmonela (una bacteria) en su superficie. Si entran en contacto con el contenido, algo que puede pasar frecuentemente por una mala manipulación, volvemos a la misma situación [la presencia de bacterias en el alimento], explicaba Robles. Si al cocinar el huevo lo dejamos poco cuajado, las bacterias no se destruyen y seguirán multiplicándose desde que hacemos la tortilla hasta que nos la comamos. En el caso de la carne, mejor asegurarnos de que está bien cocinada (nada de steak tartar o carpaccio), sobre todo si hablamos de pollo o de carne picada, así que presta atención al recurrente bocata de pollo empanado (que, por cierto, también se embadurna de huevo). La única manera de asegurar la ausencia total de patógenos en una pieza es cocinarla hasta que su interior alcance, al menos, los 65 ºC (al punto); requisito que, evidentemente, no se cumple en un pedazo crudo o poco hecho. Tampoco sería recomendable decantarse por un plato de sushi. Al final, estas bandejas son muy cómodas: lo compramos ya hecho, lo metemos en la mochila y es muy fácil de comer. Prácticamente no necesitas ni cubiertos. Pero, ojo, mejor evitarlo: también es un producto de alto riesgo. Puede tener algún ingrediente crudo, como el pescado (que puede estar contaminado por anisakis, un parásito). Además, llevan arroz que, junto a la pasta, aunque parecen alimentos muy estables, son susceptibles de portar una bacteria que se reproduce con facilidad [el Bacillus cereus], señalaba Robles. A pesar de estar asociado concretamente al arroz y la pasta, el Bacillus cereus es capaz de infectar alimentos como leche, huevos, pescado y cereales, pero también frutas y verduras, otro de los tentempiés a los que prestar atención si pensamos transportarlas peladas y troceadas a playas o piscinas.En el momento que retiramos la capa superficial de las frutas, la piel que protege su interior, se convierten en alimentos de riesgo. Al deshacernos de ella, se pueden contaminar con cualquier microorganismo que haya en el ambiente, volviendo al punto de partida: con la temperatura cálida, se podrían reproducir muy rápido y causarnos una intoxicación. En caso de llevar frutas a la playa, a la piscina o a cualquier pícnic, siempre vamos a recomendar que sean enteras. Si están partidas, que las transportemos en una bolsa isotérmica con un bloque de hielo, por ejemplo, aconseja Robles. Otra alternativa es hacerlo en una nevera portátil, preferiblemente con placas congeladas y no con hielo, como explicaba en Maldita.es Gemma del Caño, especialista en industria alimentaria: El hielo se derrite con el calor, haciendo que facilitemos aún más las cosas a los patógenos.Alternativas seguras para las comidas en la playaQue haya alimentos que es mejor evitar en estas ocasiones no quiere decir que no nos podamos dar un homenaje en playas, piscinas, o el lugar al aire libre donde decidamos comer. Según Robles, una opción es decantarnos por cremas frías como gazpacho, salmorejo, vichyssoise u otras combinaciones. Otra alternativa son las ensaladas: No tienen que ser las típicas verdes (con lechuga) y cuatro cosas sueltas, sino que pueden ser de legumbres, que aguantan muy bien. Podemos enriquecerlas con proteína como tofu, atún… o llevar latas de sardinas aparte y añadirlas en el momento, propone la dietista-nutricionista. Sumamos opciones: sándwiches o bocadillos. Estos ni siquiera tienen que venir hechos de casa. En caso de no disponer de una fuente de frío o de una nevera, podemos llevar el pan por un lado y una lata de lo que queramos por otro (sardinas, tomate, conservas vegetales… lo que nos apetezca meter en el bocata), y hacerlo allí, en el momento, añade la experta. La guinda la pueden poner las piezas de fruta enteras o cortadas y peladas en el momento en el que se van a comer. También es bienvenido todo producto que normalmente no necesite refrigeración, como los frutos secos. En definitiva, tenemos muchas opciones más allá del filete empanado y la tortilla, concluía Robles. Este contenido es apoyado por la iniciativa Alimentando el cambio de DANONE EDP en el que Maldita.es colabora elaborando contenidos independientes según su metodología.](https://files.maldita.es/uploads/images/2026/07/6a561ac9b45cdportadas-95-png.png)
De qué alimentos huir para evitar intoxicaciones alimentarias en pícnics veraniegos (y qué alternativas son seguras) El verano, las comilonas y las sobremesas forman parte del fiestón preferido de algunos microorganismos patógenos, algo que ya hemos explicado en Maldita.es. Ahora bien, lo cierto es que ni siquiera hace falta sentarnos a la mesa para montar todo un festín estival (tanto para nosotros como para las bacterias), ¿o tú nunca te has llevado una buena merendola a la playa o a la piscina? ¿También es importante tener cuidado con las intoxicaciones alimentarias en este contexto? Pues claro que sí. Al igual que en barbacoas, paellas o cualquier comilona en general, para evitar posibles intoxicaciones alimentarias hay que prestar especial atención a los alimentos escogidos, la forma de conservarlos hasta comerlos, el tiempo que están expuestos al calor y la vuelta a su refrigeración una vez hemos terminado. Aun así, hay algunos que suponen más riesgo que otros, en especial los que llevan huevo, arroz, pasta, carne o pescado crudos o la fruta troceada. Las alternativas las encontramos en las cremas frías, ensaladas o sándwiches y bocatas hechos en el momento. Cómo no, también las frutas y verduras enteras. Bacterias, calor e intoxicaciones alimentariasEl calor trae consigo un mayor riesgo de intoxicación, ya que la mayor parte de microorganismos patógenos se reproducen muy bien a temperaturas cálidas, especialmente entre los 25 y los 45 ºC. Esto les facilita llegar a su dosis infectiva (DI), el número mínimo necesario para poder producir una enfermedad, lo que no ocurriría de mantener el alimento a bajas temperaturas (refrigerado). Unido al factor temperatura, Beatriz Robles, tecnóloga de los alimentos y dietista-nutricionista, recordaba a Maldita.es que en verano tendemos a reunirnos más a comer al aire libre y a descuidar ciertas prácticas higiénicas, y las comilonas en la playa son el mejor ejemplo de ello. Al final, estamos cerca del suelo, toqueteamos arena o el césped, nos embadurnamos de crema, nos bañamos en el mar... En general, solemos estar en un modo más relajado lo que, en palabras de la experta, no ayuda precisamente a evitar las intoxicaciones.Qué comidas evitar en pícnics veraniegosRecetas con huevo, arroz, pasta y carne o pescado crudos, además de la fruta troceada: estos son, en general, los alimentos que no deberían ser bienvenidos en los pícnics que preparemos para comer en la playa o en la piscina. Dentro de los platos o productos elaborados con huevo, incluimos mayonesas (así que mejor no llevar un táper de ensaladilla rusa), merengues o cremas para los pasteles que hayamos preparado nosotros. Mejor huir de ellos, sobre todo si el huevo está crudo o poco cuajado. Ahora bien, una de las alternativas culinarias por excelencia en estas ocasiones es el bocata de tortilla. Y, ¿qué pasa con esta receta, sobre todo si está blanda, con el huevo sin cuajar del todo? Que nos harían huir a cualquiera de los que nos dedicamos a la seguridad alimentaria. Es muy peligroso, señalaba Robles en la Maldita Twitchería. Los huevos se contaminan a lo largo del oviducto de las gallinas y es fácil que tengan salmonela (una bacteria) en su superficie. Si entran en contacto con el contenido, algo que puede pasar frecuentemente por una mala manipulación, volvemos a la misma situación [la presencia de bacterias en el alimento], explicaba Robles. Si al cocinar el huevo lo dejamos poco cuajado, las bacterias no se destruyen y seguirán multiplicándose desde que hacemos la tortilla hasta que nos la comamos. En el caso de la carne, mejor asegurarnos de que está bien cocinada (nada de steak tartar o carpaccio), sobre todo si hablamos de pollo o de carne picada, así que presta atención al recurrente bocata de pollo empanado (que, por cierto, también se embadurna de huevo). La única manera de asegurar la ausencia total de patógenos en una pieza es cocinarla hasta que su interior alcance, al menos, los 65 ºC (al punto); requisito que, evidentemente, no se cumple en un pedazo crudo o poco hecho. Tampoco sería recomendable decantarse por un plato de sushi. Al final, estas bandejas son muy cómodas: lo compramos ya hecho, lo metemos en la mochila y es muy fácil de comer. Prácticamente no necesitas ni cubiertos. Pero, ojo, mejor evitarlo: también es un producto de alto riesgo. Puede tener algún ingrediente crudo, como el pescado (que puede estar contaminado por anisakis, un parásito). Además, llevan arroz que, junto a la pasta, aunque parecen alimentos muy estables, son susceptibles de portar una bacteria que se reproduce con facilidad [el Bacillus cereus], señalaba Robles. A pesar de estar asociado concretamente al arroz y la pasta, el Bacillus cereus es capaz de infectar alimentos como leche, huevos, pescado y cereales, pero también frutas y verduras, otro de los tentempiés a los que prestar atención si pensamos transportarlas peladas y troceadas a playas o piscinas.En el momento que retiramos la capa superficial de las frutas, la piel que protege su interior, se convierten en alimentos de riesgo. Al deshacernos de ella, se pueden contaminar con cualquier microorganismo que haya en el ambiente, volviendo al punto de partida: con la temperatura cálida, se podrían reproducir muy rápido y causarnos una intoxicación. En caso de llevar frutas a la playa, a la piscina o a cualquier pícnic, siempre vamos a recomendar que sean enteras. Si están partidas, que las transportemos en una bolsa isotérmica con un bloque de hielo, por ejemplo, aconseja Robles. Otra alternativa es hacerlo en una nevera portátil, preferiblemente con placas congeladas y no con hielo, como explicaba en Maldita.es Gemma del Caño, especialista en industria alimentaria: El hielo se derrite con el calor, haciendo que facilitemos aún más las cosas a los patógenos.Alternativas seguras para las comidas en la playaQue haya alimentos que es mejor evitar en estas ocasiones no quiere decir que no nos podamos dar un homenaje en playas, piscinas, o el lugar al aire libre donde decidamos comer. Según Robles, una opción es decantarnos por cremas frías como gazpacho, salmorejo, vichyssoise u otras combinaciones. Otra alternativa son las ensaladas: No tienen que ser las típicas verdes (con lechuga) y cuatro cosas sueltas, sino que pueden ser de legumbres, que aguantan muy bien. Podemos enriquecerlas con proteína como tofu, atún… o llevar latas de sardinas aparte y añadirlas en el momento, propone la dietista-nutricionista. Sumamos opciones: sándwiches o bocadillos. Estos ni siquiera tienen que venir hechos de casa. En caso de no disponer de una fuente de frío o de una nevera, podemos llevar el pan por un lado y una lata de lo que queramos por otro (sardinas, tomate, conservas vegetales… lo que nos apetezca meter en el bocata), y hacerlo allí, en el momento, añade la experta. La guinda la pueden poner las piezas de fruta enteras o cortadas y peladas en el momento en el que se van a comer. También es bienvenido todo producto que normalmente no necesite refrigeración, como los frutos secos. En definitiva, tenemos muchas opciones más allá del filete empanado y la tortilla, concluía Robles. Este contenido es apoyado por la iniciativa Alimentando el cambio de DANONE EDP en el que Maldita.es colabora elaborando contenidos independientes según su metodología.
maldita · about 2 hours ago

La ruta senderista de Girona para hacer a pie o en bicicleta, marcada por el curso del agua y que atraviesa un puente colgante de madera Siguiendo el río Ter desde los Pirineos hasta el Mediterráneo, esta gran ruta de más de 200 kilómetros invita a descubrir bosques de ribera, pueblos con historia, humedales y paisajes espectacularesNi Peñalara ni La Pedriza: cinco rutas poco conocidas de la Sierra de Guadarrama
El río Ter nace a más de 2.400 metros de altitud, en el circo de Ulldeter, en pleno Pirineo de Girona, y tras recorrer más de 200 kilómetros desemboca en el Mediterráneo, en lEstartit, después de atravesar montañas, valles, ciudades medievales, campos agrícolas y espacios naturales de enorme valor ecológico.
Acompañando este recorrido se encuentra la Ruta del Ter, un itinerario señalizado impulsado por el Consorci del Ter que permite seguir el curso del río a pie o en bicicleta a través de una red de caminos que conecta algunos de los paisajes más diversos de Catalunya. Lejos de plantearse como una prueba deportiva, la propuesta invita a viajar despacio, descubriendo cómo el agua ha modelado el paisaje, la cultura y la vida de las comarcas gerundenses durante siglos.
La ruta de turismo activo puede recorrerse por etapas, adaptándose tanto a senderistas como a cicloturistas. Gracias a su buena señalización y a la cercanía de numerosos municipios, resulta accesible para quienes desean realizar una escapada de varios días o simplemente disfrutar de alguno de sus tramos más emblemáticos.
Del nacimiento del Ter a los grandes bosques del Ripollès
Todo comienza en la alta montaña. El nacimiento del Ter, en el entorno de Ulldeter, ofrece una de las imágenes más espectaculares de los Pirineos orientales. Entre prados alpinos, torrentes cristalinos y cumbres que superan los 2.500 metros, el río apenas es un pequeño hilo de agua que inicia un viaje hacia el mar.
Los primeros kilómetros atraviesan el Parque Natural de las Cabeceras del Ter y del Freser, un espacio protegido donde abundan los bosques de pino negro, las praderas de alta montaña y una fauna característica del Pirineo, como rebecos, marmotas o grandes rapaces. Aquí caminar significa escuchar el rumor constante del agua mientras el paisaje cambia con cada curva del valle.
Puente medieval de Camprodón sobre el río Ter.
Las poblaciones de Setcases, Camprodon o Sant Joan de les Abadesses permiten hacer un alto en el camino para descubrir iglesias románicas, antiguos puentes medievales y una gastronomía profundamente ligada al territorio. Es una primera parte del recorrido en la que naturaleza y patrimonio conviven con absoluta naturalidad.
Cruzar el Ter por la histórica Palanca de la Batllia
Situada en Sant Joan de les Abadesses, la Palanca de la Batllia, muy cerca de la antigua colonia Llaudet, esta pasarela colgante de madera permite salvar el río Ter mediante una estructura sencilla, perfectamente integrada en el paisaje y cargada de historia.
El puente está formado por dos tramos: un primer paso corto apoyado sobre un único pilar y un segundo tramo, mucho más largo, que queda suspendido sobre el río gracias a cinco cables de acero ocultos bajo el entarimado de madera. Al cruzarlo, el ligero balanceo acompaña el sonido constante del agua, mientras el bosque de ribera envuelve la escena. Es uno de esos lugares donde el viaje invita a detenerse, observar el cauce y comprender la estrecha relación entre el río y las comunidades que durante generaciones dependieron de él.
Esta pasarela de madera es uno de los elementos más singulares del patrimonio fluvial inventariado por la Ruta del Ter. Muy cerca aún pueden verse una antigua fuente y un lavadero, discretos testigos de la vida cotidiana que durante décadas giró alrededor del río. Cruzar el puente supone dejar atrás la carretera para adentrarse en un paisaje que conserva el ritmo pausado del Ter, ese mismo río que, unos kilómetros más adelante, seguirá su camino hacia Girona y, finalmente, hasta el Mediterráneo. Entre pueblos medievales y bosques de ribera.
A medida que el Ter abandona las montañas, el paisaje se suaviza. Los grandes desniveles desaparecen para dar paso a valles agrícolas, pequeñas huertas y bosques de ribera donde álamos, sauces, fresnos y alisos crean agradables corredores verdes.
Es también el tramo donde aparecen algunas de las localidades con mayor personalidad de Girona. Bescanó, Anglès, Bonmatí o la propia ciudad de Girona muestran cómo el río ha sido históricamente un eje de comunicación, fuente de energía y motor económico.
La capital gerundense merece una parada tranquila. Su casco antiguo, las casas de colores reflejadas sobre el río Onyar, la catedral y el entramado de callejuelas medievales convierten la ciudad en uno de los grandes atractivos del recorrido. Desde aquí, la Ruta del Ter continúa buscando nuevamente la naturaleza, dejando atrás el ambiente urbano para internarse en espacios mucho más tranquilos.
El agua como refugio de biodiversidad
Uno de los mayores valores del itinerario es la enorme diversidad ecológica que acompaña al río durante todo su recorrido. Los bosques de ribera actúan como auténticos corredores biológicos donde encuentran refugio numerosas especies de aves, anfibios, nutrias y peces.
En muchos tramos es posible observar garzas reales, martines pescadores, cormoranes o cigüeñas, especialmente durante las primeras horas del día. La vegetación cambia progresivamente conforme el río pierde altitud, reflejando la transición entre los ecosistemas pirenaicos y los ambientes mediterráneos.
Las instituciones responsables de la gestión de la Ruta del Ter insisten en la importancia de recorrer estos espacios con respeto, siguiendo siempre los caminos señalizados y minimizando el impacto sobre unos hábitats especialmente sensibles.
El tramo final: arrozales, humedales y el Mediterráneo
Los últimos kilómetros ofrecen un cambio de escenario casi inesperado. Después de abandonar los bosques interiores, el Ter alcanza la llanura del Baix Empordà y comienza a serpentear entre campos agrícolas hasta llegar a uno de los humedales más importantes de Catalunya.
La desembocadura, situada junto al Parque Natural del Montgrí, las Illes Medes i el Baix Ter, constituye un auténtico paraíso para los amantes de la naturaleza. Dunas, lagunas, arrozales y marismas sirven de refugio a centenares de especies de aves migratorias, mientras el río completa el viaje iniciado días antes en las cumbres pirenaicas.
El contraste resulta extraordinario. El agua del interior termina fundiéndose con el Mediterráneo frente a amplias playas y paisajes abiertos donde el horizonte parece infinito.
Una experiencia accesible para todos
La Ruta del Ter no exige recorrer sus más de 200 kilómetros de una sola vez. Precisamente uno de sus mayores atractivos es la posibilidad de adaptarla al ritmo de cada viajero. Existen etapas de montaña para senderistas experimentados, cómodos recorridos familiares por antiguos caminos fluviales y largos tramos ideales para realizar en bicicleta gracias a su escasa pendiente.
La señalización homogénea, la disponibilidad de alojamientos, la conexión con estaciones ferroviarias en algunos puntos y la existencia de servicios especializados para cicloturistas convierten el itinerario en una de las grandes propuestas de turismo sostenible de Catalunya.
A lo largo del camino aparecen antiguos molinos, canales históricos, colonias industriales, puentes centenarios, pequeñas huertas y pueblos cuya identidad sigue profundamente ligada al agua. Quizá por eso esta ruta deja una sensación distinta a la de otros grandes itinerarios senderistas. Aquí el objetivo no consiste únicamente en alcanzar un destino, sino en dejarse acompañar por el río. Caminar escuchando su rumor constante o pedalear entre árboles y tan solo seguir la corriente.
eldiario.es · about 2 hours ago