Scientists discover fire amoeba thriving at 63C in California volcanic park

Scientists have identified extreme heat-resistant species, including a newly discovered fire amoeba and springtails, thriving in harsh environments.
A study published in *Cell* on Friday described *Incendiamoeba cascadensis*, a fire amoeba found in California’s Lassen Volcanic National Park, capable of feeding and reproducing at 63°C. Researchers from Syracuse University, including Angela Oliverio, observed the organism dividing at this temperature and surviving brief exposure to 70°C by forming a protective layer. Genetic analysis revealed adaptations, such as additional genes for protein maintenance and DNA repair, that may enable its heat resistance .
Separately, a study in *Integrative Organismal Biology* by North Carolina State University researcher Adrian Smith documented the springtail *Dicyrtomina minuta*, a 1-2 mm hexapod that performs the fastest backflips on Earth. Using a 40,000-fps camera, Smith recorded the springtail reaching a takeoff speed of 1.5 meters per second in 1.7 milliseconds, with a peak rotation of 368 spins per second. Its furcula mechanism, a spring-like structure, propels it backward, while its spherical body shape causes extreme mid-air rotation .
Both discoveries expand known biological limits, with the fire amoeba redefining heat tolerance for complex cells and the springtail showcasing extreme agility in microscopic life.
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El animal que hace los backflips más rápidos del planeta mide 1 milímetro y vive en tu jardín El colémbolo globular alcanza una velocidad de despegue de aproximadamente 1,5 metros por segundo en tan solo 1,7 milisegundosDescubierta en las Cuevas de Altamira una nueva especie de colémbolo En la hojarasca de cualquier jardín húmedo vive uno de los animales más extraordinarios del planeta. No lo verás a simple vista: mide entre 1 y 2 milímetros, y si lo molestas desaparecerá ante tus ojos en una fracción de segundo. El colémbolo globular (Dicyrtomina minuta) es el animal que hace los backflips más rápidos de la Tierra, según un estudio publicado en la revista Integrative Organismal Biology por Adrian Smith, investigador de la Universidad Estatal de Carolina del Norte, y para verlo saltar fue necesaria una cámara de más de 40.000 fotogramas por segundo. Pese a tener seis patas, el colémbolo globular no es un insecto. Pertenece a un grupo propio llamado Collembola, dentro de los hexápodos, que se separó evolutivamente de los insectos verdaderos mucho antes de que estos desarrollaran alas. Los colémbolos carecen de ellas y su estructura interna es lo suficientemente diferente como para tener una categoría propia. Son, en realidad, más parecidos a los ancestros comunes de los insectos que a los propios insectos. El salto hacia atrás más rápido del planeta Los datos del estudio de Smith son verificables y difíciles de procesar en su escala. Cuando un colémbolo globular salta, alcanza una velocidad de despegue de aproximadamente 1,5 metros por segundo en tan solo 1,7 milisegundos. La aceleración máxima registrada llega a los 1.938 metros por segundo cuadrado, comparable a la de una pulga. Pero lo que distingue al colémbolo de cualquier otro animal es lo que ocurre en el aire: gira hacia atrás a una tasa media de 282 rotaciones por segundo, con un pico máximo de 368 rotaciones por segundo. Es decir, en cada salto completa entre 14 y 29 giros antes de aterrizar. Además, la altura máxima alcanzada es de 62 milímetros (más de 60 veces su propia altura) y la distancia horizontal puede superar los 100 milímetros. La consecuencia práctica es que el animal parece desaparecer. Smith lo describió con precisión: Los colémbolos globulares saltan tan rápido que no puedes verlo en tiempo real. Si intentas filmar el salto con una cámara normal, el colémbolo aparecerá en un fotograma y desaparecerá. Si miras la imagen de cerca, puedes ver tenues estelas en espiral donde giró a través de ese único fotograma. El efecto para un depredador es el de una presa que literalmente se teletransporta. Partes del colémbolo encargadas de realizar el salto hacia atrás El mecanismo encargado de ese salto no son las patas. Es la fúrcula, una estructura bifurcada que el animal mantiene plegada bajo el abdomen, sujeta por un pequeño gancho llamado retináculo. Cuando detecta una amenaza, el gancho se libera, la fúrcula golpea el suelo con fuerza y el animal sale disparado hacia atrás. Es un sistema de muelle-catapulta que acumula energía mecánica y la libera en un instante. El giro no es un efecto secundario accidental: los investigadores observaron que la posición del centro de masa del cuerpo globular del animal, diferente al de los colémbolos alargados, es precisamente lo que genera esa rotación extrema como consecuencia física del despegue. Un animal de 400 millones de años Los colémbolos tienen registro fósil desde el Devónico temprano, hace más de 400 millones de años. Habitaban el suelo terrestre decenas de millones de años antes de que aparecieran los primeros dinosaurios y mucho antes de que las plantas desarrollaran flores. Son, en el sentido más estricto del término, fósiles vivientes que han sobrevivido a cinco extinciones masivas sin modificar sustancialmente su diseño. Su impacto ecológico es inversamente proporcional a su tamaño. Los colémbolos se alimentan de hongos, esporas y materia orgánica en descomposición, reciclando los nutrientes que mantienen vivos los suelos y los bosques. Sin ellos, la descomposición de la materia orgánica se ralentizaría de forma significativa. Son además un bioindicador de salud del suelo ya que su presencia en densidades elevadas señala ecosistemas en buen estado.
eldiario.es · about 2 hours ago

Descubren una ameba de fuego capaz de vivir y reproducirse a 63 grados Este sorprendente microorganismo puede recuperarse incluso después de ser expuesto a temperaturas de 70ºCDescubren nueva especie de ameba de vida libre aislada en Canarias Una diminuta forma de vida descubierta en unas aguas termales de California ha obligado a los científicos a ampliar los límites conocidos de resistencia al calor de los organismos complejos. Todo por culpa de Incendiamoeba cascadensis, una nueva especie de ameba capaz de alimentarse y reproducirse a temperaturas de hasta 63 grados, unas condiciones que son letales para la inmensa mayoría de los eucariotas conocidos. El organismo fue localizado en el Parque Nacional Volcánico Lassen, en California (Estados Unidos), y sus características han sido descritas en un estudio publicado en la revista científica Cell. El descubrimiento resulta especialmente relevante porque las amebas son eucariotas, es decir, organismos cuyas células poseen una estructura interna compleja, como ocurre también con animales, plantas y hongos. Durante décadas, los científicos habían situado en 60ºC el límite superior para el crecimiento de los eucariotas, y solo algunos de ellos podía desarrollarse cerca de ese margen. La nueva especie ha conseguido superarlo. Este hallazgo amplía los límites de lo que creíamos posible, lo cual es increíblemente emocionante, explica Angela Oliverio, investigadora de la Universidad de Siracusa y una de las responsables del trabajo. Una ameba que se divide a 63 grados Entre 2023 y 2025, los investigadores recogieron organismos en arroyos geotérmicos del parque, donde las temperaturas en los lugares estudiados oscilaban entre 47 y 64ºC. Entre las muestras apareció una ameba desconocida que llamó rápidamente su atención por su extraordinaria tolerancia térmica. En el laboratorio, Incendiamoeba cascadensis creció con fuerza a 57ºC, pero los científicos continuaron elevando progresivamente la temperatura para comprobar dónde estaba su límite. La sorpresa llegó a los 63ºC, cuando observaron que seguía realizando mitosis, el proceso mediante el cual una célula se divide para generar nuevas células. La observación confirmó que el microorganismo no estaba simplemente soportando el calor si no que además seguía siendo capaz de reproducirse. La Incendiamoeba cascadensis durante su reproducción celular Su resistencia puede ir incluso más allá, aunque de una manera diferente. Cuando las temperaturas superan los 63ºC, la ameba deja de reproducirse y modifica su forma para crear una capa protectora externa. Los investigadores comprobaron que, después de ser expuesta durante un breve periodo a temperaturas de hasta 70ºC, podía recuperarse al regresar a condiciones más favorables. El récord absoluto de resistencia térmica de un organismo continúa muy lejos. La arquea Methanopyrus kandleri puede crecer a temperaturas de hasta 122ºC cerca de chimeneas hidrotermales submarinas. Sin embargo, se trata de un microorganismo con una organización celular mucho más sencilla. La peculiaridad de la nueva ameba reside precisamente en la capacidad de una célula eucariota para mantener su funcionamiento bajo semejante calor. Las claves pueden estar en sus genes Para descubrir cómo consigue sobrevivir, los investigadores secuenciaron su genoma. El análisis mostró genes adicionales relacionados con el mantenimiento de las proteínas y la reparación del ADN, dos funciones especialmente importantes porque las temperaturas extremas pueden dañar tanto las proteínas como el material genético de las células. También detectaron otra posible adaptación. Las proteínas de la ameba presentan una mayor presencia de aminoácidos con carga positiva en su superficie, una característica encontrada igualmente en algunas bacterias y arqueas resistentes al calor. Estas propiedades podrían contribuir a mantener estables las proteínas e impedir que pierdan su estructura o se agrupen cuando aumenta la temperatura. Aunque estos organismos son tan diferentes, existe una convergencia en la forma en que se seleccionan las propiedades de las proteínas para lograr estabilidad a altas temperaturas, señala H. Beryl Rappaport, doctoranda de la Universidad de Siracusa. También explica que organismos muy alejados a nivel evolutivo pueden haber encontrado soluciones moleculares parecidas para afrontar el calor extremo. El descubrimiento abre además la posibilidad de que todavía existan eucariotas capaces de superar este nuevo récord. Oliverio considera que establecer límites demasiado rígidos puede condicionar dónde buscan los científicos organismos extremos. Cada vez que establecemos un nuevo récord mundial en el deporte, es asombroso y se celebra, aunque sea por milisegundos. Deberíamos hacer lo mismo con las amebas. Estos cambios tan pequeños amplían nuestra comprensión de lo que creemos posible, concluye.
eldiario.es · about 2 hours ago

Durerile care se pot intensifica atunci când scad temperaturile. Medicul explică ce se întâmplă în organism și cine este mai afectat Pe măsură ce temperaturile scad, unele persoane resimt mai intens durerea și rigiditatea articulară. Frigul nu este însă singurul factor: în sezonul rece, reducerea activității fizice poate accentua senzația de înțepeneală.
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Más cucarachas, menos mosquitos: así altera el clima extremo a las plagas urbanas El calor extremo de este verano atenta contra la supervivencia de los mosquitos, pero favorece la proliferación de las cucarachas, que sobreviven en los microclimas del subsuelo urbano y el alcantarillado
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Ma 199 cm w kłębie i pięciogwiazdkowe życie. Oto koń-rekordzista Czteroletni Hugo mierzy 199 cm w kłębie i został najwyższym żyjącym koniem świata. Jego właściciele przekonują, że olbrzym nadal rośnie.
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