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US and Japan intervene jointly to prop up yen for first time in nearly 30 years

US and Japan intervene jointly to prop up yen for first time in nearly 30 years
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business & financechinaunited states of americaasia
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The U.S. and Japan conducted their first joint currency intervention in nearly 30 years on Friday, selling euros to buy yen in a move led by U.S. Treasury Secretary Scott Bessent, according to reports from Financial Times and El Diario . The yen strengthened from nearly 164 per dollar to around 157 following the intervention, its lowest level since 1986.

Bessent, a former hedge fund manager known for high-risk currency bets, directed the operation, with a handwritten note photographed during a Cabinet meeting reading, “buy Japanese yen (JPY) worth $5 billion to $10 billion” . Japanese Finance Minister Satsuki Katayama confirmed the coordinated action on Monday, stating it aimed to curb the yen’s decline, which had hit a 40-year low .

The intervention followed concerns over the yen’s prolonged depreciation, driven by the Bank of Japan’s 1% interest rate lagging global peers, and risks to financial stability from carry trades borrowing in yen to invest in higher-yielding currencies . Analysts warned the effects could be temporary, with the yen trading at 157 per dollar by Tuesday.

Separately, Japan’s Defense Ministry released its annual white paper on Tuesday, labeling China as the country’s “greatest strategic challenge” and detailing intensified military activities near Japan, including unusual close approaches by Chinese aircraft in June and July . Japanese jets scrambled 595 times in the year to March 31, 2026, with 366 sorties against Chinese aircraft and 214 against Russian planes . Defense Minister Shinjiro Koizumi called for reinforcing Japan’s military capabilities with “a stronger sense of urgency and crisis than ever before.”

China’s Defense Ministry spokesperson Chen Xi dismissed the report as “full of false narratives” exaggerating the Chinese threat, stating Beijing was “extremely dissatisfied” and “firmly opposed” . The white paper also noted Japan’s plans to lift its self-imposed ban on weapons exports, though it highlighted domestic production challenges .

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hotnews.ro · about 2 hours ago

Van dat rustige meisje met schattige vlechtjes tot razend populaire premier: waarom Japan zich overgeeft aan Sanae Takaichi

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de morgen · about 2 hours ago

La intervención de Scott Bessent en el yen marca una nueva era de activismo monetario en EEUU El intento de respaldar la moneda japonesa demuestra que EEUU está dispuesto a frustrar operaciones que perjudiquen sus intereses. Leer

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expansion · about 2 hours ago

Mazda deja atrás las pérdidas gracias a la ayuda de la debilidad del yen El fabricante japonés arranca su ejercicio fiscal 2026 con un fuerte giro en sus cuentas, al volver a beneficios tras las pérdidas del año anterior gracias al efecto favorable del tipo de cambio, el aumento de las ventas y la reducción de los aranceles al automóvilToyota gana un 75,6 más gracias a los regalos de Trump
        Mazda también se suma a la lista de fabricantes japoneses beneficiados por la debilidad del yen. La compañía con sede en Hiroshima ha arrancado su ejercicio fiscal 2026 con un fuerte giro en sus cuentas, al volver a beneficios tras las pérdidas del año anterior gracias al efecto favorable del tipo de cambio, el aumento de las ventas y la reducción de los aranceles al automóvil.
    
        Entre abril y junio, primer trimestre de su ejercicio fiscal, Mazda obtuvo un beneficio neto de 29.630 millones de yenes (unos 163 millones de euros), frente a las pérdidas de 42.104 millones de yenes (232 millones de euros) registradas en el mismo periodo del ejercicio anterior.
    
        En la presentación de resultados, el fabricante explicó que el yen se depreció frente a la mayoría de divisas, un factor que elevó el valor de los ingresos obtenidos en el exterior al repatriarlos a Japón y que volvió a convertirse en uno de los principales motores de la mejora de la rentabilidad de las compañías exportadoras japonesas. A este efecto cambiario se sumaron un mayor volumen de ventas y la reducción de los aranceles al sector del automóvil, según destacó la propia empresa. 
    
        La recuperación también se trasladó al resultado operativo. Mazda registró un beneficio operativo de 32.836 millones de yenes (181 millones de euros), frente a las pérdidas operativas de 46.115 millones de yenes (254 millones de euros) contabilizadas un año antes.
    
        Por su parte, la facturación creció un 16,9 interanual, hasta 1,29 billones de yenes (7.092 millones de euros), impulsada tanto por el incremento de las ventas como por el favorable comportamiento de las divisas.
    Europa y Norteamérica impulsan las ventas
        Durante el trimestre, Mazda comercializó 304.000 vehículos en todo el mundo, un 1 más que un año antes. El crecimiento estuvo respaldado por la mejora de las matriculaciones en Japón, Norteamérica y Europa, mercados que compensaron la debilidad del negocio en China.
    
        En el gigante asiático, la firma señaló que opera en una industria en declive, motivo por el que sus ventas permanecieron prácticamente estables respecto al mismo periodo del año anterior.
    Mantiene sus previsiones para todo el ejercicio
        Pese al complejo contexto internacional, Mazda mantuvo sin cambios sus previsiones para el ejercicio fiscal que concluirá en marzo de 2027. La compañía espera cerrar el año con un beneficio neto de 90.000 millones de yenes (496 millones de euros), más del doble del obtenido en el ejercicio anterior.
    
        Asimismo, prevé alcanzar un beneficio operativo de 150.000 millones de yenes (827 millones de euros), casi el triple que un año antes, mientras que su facturación aumentaría un 11,8, hasta 5,5 billones de yenes (unos 30.000 millones de euros).
    
        En cuanto a las ventas, Mazda confía en comercializar 1,3 millones de vehículos durante el conjunto del ejercicio, un 8 más que el año anterior, apoyándose en el crecimiento previsto en Norteamérica y Europa y en el lanzamiento de nuevos modelos estratégicos como los CX-5, Mazda6e y CX-6e.

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eldiario.es · about 2 hours ago

Japans strategic oil reserves rise by 3 days of consumption in July reut.rs/4zbQsa6

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bluesky_Reuters · about 2 hours ago

Vivre au Japon me fait me sentir comme une imposture : le revers dun rêve dexpatriation Séduite par lordre et la sécurité du Japon, une famille néo-zélandaise a organisé son départ pendant des années. Mais vivre sur place sest avéré bien plus déroutant que prévu, explique Kerri King dans Business Insider.

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courrier international · about 2 hours ago

Live From Europe

Bessents yen intervention signals new era of US currency activism Bid to support Japans currency shows US is ready to scupper trades that push against its interests

financial times · about 2 hours ago

Live From Europe

Japans fusion industry seeks state backing amid Middle East energy strain Also in todays newsletter, oil bosses draw Trumps ire after blockbuster earnings

financial times · about 2 hours ago

Live From Europe

Japan LLC trading update Currency P&L looking sweet

financial times · about 2 hours ago

Live From Europe

Typhoon Dolphin hurtles towards Japan: Tracker, updates and what to expect The large storm is forecast to cause strong winds and rainfall in parts of Japan, China and Taiwan.

aljazeera · about 2 hours ago

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NEW: Japan needs to boost its military with a sense of urgency and crisis, its defense minister said Tuesday, as a new government assessment again highlighted growing risks from China, North Korea and Russia. READ:

telegram_Insider Paper · about 2 hours ago

Japão deve reforçar exército com urgência, segundo ministro O Japão decidiu em abril levantar as suas restrições às exportações de armas

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observador · about 2 hours ago

¿Pánico a otro credit crunch? Por qué EEUU y Japón levantan un cortafuegos para sujetar la caída del yen La primera intervención concertada de los bancos centrales de EEUU y Japón en quince años persigue la protección del mercado mundial de deuda. En concreto, la creación de un dique de contención frente a los riesgos de una peligrosa estrategia: carry trade, que es pedir prestado dinero en una divisa con trayectoria de tipos bajos, como el yen, para ganar rentabilidad en monedas fuertes como el dólar
        Durante décadas, el yen ha sido un amortiguador esencial de la arquitectura financiero mundial. La estrategia monetaria de tipos próximos a cero instaurada por el Banco de Japón (BoJ) para catapultar el consumo en una sociedad increíblemente ahorradora y sacar al conocido como el enfermo económico internacional de la UVI, por deflación endémica, ha acabado convirtiendo a la divisa nipona en uno de los avales inversores preferido de bancos, aseguradoras, fondos de inversión y hedge funds. Todo ellos, interesados en adquirir activos más rentables que las ratios de inflación media en el resto del mundo. 
    
        Pero este cuadro de mando comenzó a resquebrajarse al acelerarse la inflación japonesa, desde finales de 2024. Con los primeros vestigios de escalada de precios, el BoJ lleva un largo año en el que ha sustituido paulatinamente su política ultra-laxa por una más restrictiva que ha llevado el precio del dinero hasta el 1, tras el repunte de un cuarto de punto en la reunión de junio de la autoridad monetaria japonesa. Parece una subida modesta. Incluso envidiable para la mayoría de las economías del planeta, industrializadas, emergentes o en desarrollo. 
    
        Sin embargo, esta maniobra alcista ha propiciado que las rentabilidades de la deuda soberana hayan convertido al mercado de divisas en el epicentro de los riesgos internacionales. Porque la paulatina depreciación del yen amenazaba con instaurar una carrera competitiva en los valores de las monedas que empezaba a recordar a la crisis asiática de 1997, centrada en los tigres asiáticos y con Corea del Sur --ahora también con convulsiones bursátiles--, a la cabeza de los quebraderos financieros, y atenazaban ya los flujos de capital transnacionales y domésticos. 
    
        Los bruscos repuntes del yen el pasado viernes y sábado, que llevaron a la moneda japonesa a situarse en la franja media de las 157 unidades por dólar un día frente a las más de 163 en las que se venía cotizando tras semanas de caídas, habían desatado las especulaciones de una intervención conjunta.
    
        La sombra de otro credit crunch, en un mercado con préstamos privados por doquier, asaltaban los cuarteles generales de los principales bancos centrales. La ministra de Finanzas de Japón, Satsuki Katayama, afirmó este lunes que el archipiélago y Estados Unidos intervinieron de forma conjunta en el mercado de divisas para frenar el declive del yen, que se encontraba en mínimos de casi 40 años antes de la primera acción de este tipo desde 1998. 
    
        En otro movimiento de keynesianismo --en este caso monetario-- que solían poner de los nervios a los neoliberales de tiempos no tan lejanos. De hecho, en el más importante desde la acción conjunta que sostuvo al euro en 2000, en plena cumbre extraordinaria del FMI en Praga. Y la más reciente desde 2011, cuando se instauraron los programas de compra de deuda corporativa y soberana para frenar la desaparición de la divisa europea. Estímulos que volvieron durante la Gran Pandemia con el reto de alumbrar un ciclo de negocios, el post-Covid, que aún persiste. 
    
        Estos movimientos sólo irrumpen cuando las autoridades juzgan que existe un peligro sobre los mercados de capitales capaz de desencadenar un tsunami financiero. Como parece. Si se tiene en cuenta el relato de advertencia del secretario del Tesoro americano, Scott Bessent al afirmar que la Fed y su departamento volverán a intervenir si fuera necesario y la confirmación de la ministra japonesa de Finanzas, Satsuki Katayama, en la misma dirección que rompe con décadas de discreción en materia cambiaria y lanza un mensaje inequívoco a los mercados. EEUU y Japón están dispuestos a elevar considerablemente el coste de cualquier ataque especulativo contra el yen. Las autoridades económicas cogen las riendas de la narrativa política, mientras los bancos centrales actúan en el supuesto libre mercado. 
    Tensiones en el sistema financiero internacional
        El consenso del mercado, en cualquier caso, se acuerda de los Plaza Accord a la hora de explicar este nuevo escudo monetario entre Washington y Tokio. Ocurrió en 1985 y se denomina así por haber sido forjado en el Hotel Plaza de Nueva York entre EEUU, Japón, Alemania, Francia y Reino Unido para debilitar un dólar excesivamente fuerte y corregir los desequilibrios comerciales que su poder ocasionaba a la economía global. 
    
        Aquel acuerdo modificó durante años las expectativas sobre el mercado de divisas e inauguró un prolongado ciclo de depreciación del yen que acabaría teniendo profundas consecuencias para la economía japonesa.
    
        Cuatro décadas después, las circunstancias son distintas. Nadie plantea un pacto multilateral, ni una reordenación del sistema monetario internacional. 
    
        Sin embargo, el impulso que inspiró la actuación vuelve a ser el mismo. Cuando las autoridades perciben que un comportamiento extremo de una divisa del G-10, foro que alberga amenaza la estabilidad financiera, la coordinación internacional sustituye temporalmente a la supuesta mano invisible que rige en los mercados. Entonces, en 1985 el riesgo era los desequilibrios comerciales. Ahora, en 2026, el verdadero temor emerge de un yen excesivamente débil que alimenta la inflación importada en Japón, encarece la energía y los alimentos, deteriora el poder adquisitivo de los hogares y obliga al BoJ a endurecer antes de tiempo su política monetaria. 
    
        Además, apunta a una cadena de acontecimientos peligrosos, con ventas masivas de deuda estadounidense por parte de Tokio, desmantelamiento acelerado del carry trade --o uso del yen como moneda de cambio para ganar rentabilidades en el mercado cambiario--, y nuevas perturbaciones en los rendimientos de los bonos soberanos, que ya soportan excesos de déficits fiscales, elevados costes financieros y el enorme esfuerzo inversor asociado a la IA.
    
        Este es el quid de la cuestión que atemoriza a la Casa Blanca, cuya ayuda no se dirige en exclusiva a un aliado estratégico con tentaciones MAGA a la japonesa. Bessent y Kevin Warsh tratan ahora de proteger sus propios activos de deuda sobernana. Especialmente expuestos a los inversores japoneses que continúan siendo los mayores tenedores extranjeros de deuda federal. Cualquier venta significativa de bonos del Tesoro americano para avalar compras de yenes tiene impactos inmediatos sobre las rentabilidades de la deuda norteamericana. En un momento en que el bono a 30 años se mueve en máximos desde el credit crunch de 2008 y el coste de financiación del Estado americano se ha convertido en una de las grandes preocupaciones de la Administración Trump.
    
        Neil Irwin, analista de Axios Macro, sostiene que éste es precisamente el mensaje oculto tras la intervención. A su juicio, los mercados han interpretado el episodio como una acción destinada a estabilizar el tipo de cambio, cuando en realidad refleja una inquietud mucho más profunda sobre la acumulación de tensiones en el sistema financiero internacional. La participación del Tesoro americano permitiría a Japón sostener su moneda sin provocar nuevas presiones sobre los bonos de EEUU, explica. 
    
        La clave técnica de esa estrategia se encuentra en un instrumento prácticamente desconocido para el gran público: la Foreign and International Monetary Authorities Repo Facility (FIMA) de la Reserva Federal. Creada durante las turbulencias provocadas por la pandemia de 2020, esta herramienta monetaria permite a los bancos centrales extranjeros obtener liquidez en dólares utilizando sus bonos del Tesoro estadounidense como garantía, sin necesidad de venderlos en el mercado.
    
        Para Shusuke Yamada, estratega de divisas de Bank of America, este mecanismo representa una auténtica ampliación del arsenal de política financiera disponible para ambos gobiernos. Ya no se trata únicamente de comprar yenes, sino de convencer al mercado de que las autoridades disponen de recursos suficientes para sostener esa estrategia durante más tiempo y con menor coste, asegura. Es decir, que el verdadero cambio no reside en la intervención puntual, sino en el compromiso político que implica la participación directa de Washington. 
    
        En su opinión, si el dólar volviera rápidamente a situarse en torno a los 160 yenes, quedaría cuestionada la credibilidad del Ministerio de Finanzas japonés y la del Tesoro estadounidense. La divisa nipona inició 2026 en los 152 yenes por dólar. Pero la persistencia de tipos elevados por parte de la Fed, la cautela del Banco de Japón y las dudas sobre la política fiscal del Gobierno de Sanae Takaichi llevaron la cotización hasta superar los 160 yenes y rozar incluso los 163-164 yenes por dólar la semana pasada, unos niveles inéditos desde mediados de los años ochenta y considerados una auténtica línea roja por las autoridades japonesas.
    
        Es lo que justifica el compromiso de Bessent de volver a intervenir sin dudarlo y la respuesta de Katayama de que no se trata de una operación puntual, sino de una auténtica estrategia de disuasión.
    La dimensión geopolítica entra en escena
        La entente cordiale entre EEUU y Japón posee una segunda capa de complejidad. El apoyo de la Administración Trump se produce en un instante delicado para el Gobierno de Sanae Takaichi, presionado por el aumento del coste de la vida, la pérdida de respaldo social y las dudas que suscitan sus ambiciosos planes fiscales. Un yen más fuerte reduce la factura energética, contiene la inflación importada y proporciona un valioso balón de oxígeno político a Tokio. 
    
        Sin embargo, no parece que ese respaldo vaya a ser gratuito. Que la Casa Blanca presente de un modo notorio esta operación reservada a las aparentemente prudentes autoridades monetarias deja a los observadores internacionales con la certeza de que Washington intentará obtener contrapartidas en materias sensibles como la defensa, capitales estratégicos, comercio o algún tipo de maniobras orquestales en la oscuridad contra China.
    
        Las alianzas de EEUU nunca son gratuitas, precisa Sheila A. Smith, investigadora del Council on Foreign Relations (CFR). Cuando Washington invierte capital político o financiero para respaldar a un aliado, normalmente espera una mayor convergencia en sus prioridades estratégicas, avisa. En el caso de Japón, esa expectativa puede traducirse en mayores compromisos con los gastos en defensa, una coordinación más estrecha frente a China y un apoyo más visible a la estrategia estadounidense en el Indo-Pacífico. 
    
        En línea con Christopher Johnstone, ex director para Asia del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca y socio de The Asia Group, para quien este reforzamiento de lazos bilaterales son cada vez más inseparables con la versión Trump 2.0. A su juicio, cualquier gesto extraordinario por parte del actual inquilino del Despacho Oval genera un elenco de contrapartidas a pedir en el terreno de la defensa, la seguridad tecnológica o la política hacia China. 
    
        Aunque también supone una reinterpretación de guion en los mercados globales. Porque si el yen se estabiliza y los tipos continúan subiendo, parte de ese ahorro podría regresar al mercado doméstico, reduciendo la demanda de bonos estadounidenses y europeos y elevando el coste de financiación internacional. Japón está entrando en una nueva era crediticia y sus decisiones tendrán repercusiones mucho más allá de sus fronteras, anticipa Tim Adams, CEO del Institute of International Finance (IIF), lo que obligará a las bolsas a adaptarse a un mundo en el que el ahorro japonés deje de actuar como una fuente casi ilimitada de financiación para el resto de las potencias industrializadas.
    
        Harumi Taguchi, economista de S&P Global Market Intelligence, cree que el éxito o el fracaso de la intervención será determinante en las siguientes reuniones del comité ejecutivo del BoJ. Muy en especial, la de septiembre. En caso de que las compras de yenes sostengan la moneda, el BoJ probablemente podrá aplazar otra subida de tipos; en cambio, la depreciación reaparece, aumentará la presión para endurecer la política monetaria antes de lo previsto. Para Taguchi, el mercado de divisas ha dejado de ser una consecuencia de la política monetaria; ahora se ha convertido en uno de sus principales condicionantes.

¿Pánico a otro credit crunch? Por qué EEUU y Japón levantan un cortafuegos para sujetar la caída del yen La primera intervención concertada de los bancos centrales de EEUU y Japón en quince años persigue la protección del mercado mundial de deuda. En concreto, la creación de un dique de contención frente a los riesgos de una peligrosa estrategia: carry trade, que es pedir prestado dinero en una divisa con trayectoria de tipos bajos, como el yen, para ganar rentabilidad en monedas fuertes como el dólar Durante décadas, el yen ha sido un amortiguador esencial de la arquitectura financiero mundial. La estrategia monetaria de tipos próximos a cero instaurada por el Banco de Japón (BoJ) para catapultar el consumo en una sociedad increíblemente ahorradora y sacar al conocido como el enfermo económico internacional de la UVI, por deflación endémica, ha acabado convirtiendo a la divisa nipona en uno de los avales inversores preferido de bancos, aseguradoras, fondos de inversión y hedge funds. Todo ellos, interesados en adquirir activos más rentables que las ratios de inflación media en el resto del mundo. Pero este cuadro de mando comenzó a resquebrajarse al acelerarse la inflación japonesa, desde finales de 2024. Con los primeros vestigios de escalada de precios, el BoJ lleva un largo año en el que ha sustituido paulatinamente su política ultra-laxa por una más restrictiva que ha llevado el precio del dinero hasta el 1, tras el repunte de un cuarto de punto en la reunión de junio de la autoridad monetaria japonesa. Parece una subida modesta. Incluso envidiable para la mayoría de las economías del planeta, industrializadas, emergentes o en desarrollo. Sin embargo, esta maniobra alcista ha propiciado que las rentabilidades de la deuda soberana hayan convertido al mercado de divisas en el epicentro de los riesgos internacionales. Porque la paulatina depreciación del yen amenazaba con instaurar una carrera competitiva en los valores de las monedas que empezaba a recordar a la crisis asiática de 1997, centrada en los tigres asiáticos y con Corea del Sur --ahora también con convulsiones bursátiles--, a la cabeza de los quebraderos financieros, y atenazaban ya los flujos de capital transnacionales y domésticos. Los bruscos repuntes del yen el pasado viernes y sábado, que llevaron a la moneda japonesa a situarse en la franja media de las 157 unidades por dólar un día frente a las más de 163 en las que se venía cotizando tras semanas de caídas, habían desatado las especulaciones de una intervención conjunta. La sombra de otro credit crunch, en un mercado con préstamos privados por doquier, asaltaban los cuarteles generales de los principales bancos centrales. 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Estos movimientos sólo irrumpen cuando las autoridades juzgan que existe un peligro sobre los mercados de capitales capaz de desencadenar un tsunami financiero. Como parece. Si se tiene en cuenta el relato de advertencia del secretario del Tesoro americano, Scott Bessent al afirmar que la Fed y su departamento volverán a intervenir si fuera necesario y la confirmación de la ministra japonesa de Finanzas, Satsuki Katayama, en la misma dirección que rompe con décadas de discreción en materia cambiaria y lanza un mensaje inequívoco a los mercados. EEUU y Japón están dispuestos a elevar considerablemente el coste de cualquier ataque especulativo contra el yen. Las autoridades económicas cogen las riendas de la narrativa política, mientras los bancos centrales actúan en el supuesto libre mercado. Tensiones en el sistema financiero internacional El consenso del mercado, en cualquier caso, se acuerda de los Plaza Accord a la hora de explicar este nuevo escudo monetario entre Washington y Tokio. Ocurrió en 1985 y se denomina así por haber sido forjado en el Hotel Plaza de Nueva York entre EEUU, Japón, Alemania, Francia y Reino Unido para debilitar un dólar excesivamente fuerte y corregir los desequilibrios comerciales que su poder ocasionaba a la economía global. Aquel acuerdo modificó durante años las expectativas sobre el mercado de divisas e inauguró un prolongado ciclo de depreciación del yen que acabaría teniendo profundas consecuencias para la economía japonesa. Cuatro décadas después, las circunstancias son distintas. Nadie plantea un pacto multilateral, ni una reordenación del sistema monetario internacional. Sin embargo, el impulso que inspiró la actuación vuelve a ser el mismo. 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Además, apunta a una cadena de acontecimientos peligrosos, con ventas masivas de deuda estadounidense por parte de Tokio, desmantelamiento acelerado del carry trade --o uso del yen como moneda de cambio para ganar rentabilidades en el mercado cambiario--, y nuevas perturbaciones en los rendimientos de los bonos soberanos, que ya soportan excesos de déficits fiscales, elevados costes financieros y el enorme esfuerzo inversor asociado a la IA. Este es el quid de la cuestión que atemoriza a la Casa Blanca, cuya ayuda no se dirige en exclusiva a un aliado estratégico con tentaciones MAGA a la japonesa. Bessent y Kevin Warsh tratan ahora de proteger sus propios activos de deuda sobernana. Especialmente expuestos a los inversores japoneses que continúan siendo los mayores tenedores extranjeros de deuda federal. Cualquier venta significativa de bonos del Tesoro americano para avalar compras de yenes tiene impactos inmediatos sobre las rentabilidades de la deuda norteamericana. En un momento en que el bono a 30 años se mueve en máximos desde el credit crunch de 2008 y el coste de financiación del Estado americano se ha convertido en una de las grandes preocupaciones de la Administración Trump. Neil Irwin, analista de Axios Macro, sostiene que éste es precisamente el mensaje oculto tras la intervención. A su juicio, los mercados han interpretado el episodio como una acción destinada a estabilizar el tipo de cambio, cuando en realidad refleja una inquietud mucho más profunda sobre la acumulación de tensiones en el sistema financiero internacional. La participación del Tesoro americano permitiría a Japón sostener su moneda sin provocar nuevas presiones sobre los bonos de EEUU, explica. La clave técnica de esa estrategia se encuentra en un instrumento prácticamente desconocido para el gran público: la Foreign and International Monetary Authorities Repo Facility (FIMA) de la Reserva Federal. Creada durante las turbulencias provocadas por la pandemia de 2020, esta herramienta monetaria permite a los bancos centrales extranjeros obtener liquidez en dólares utilizando sus bonos del Tesoro estadounidense como garantía, sin necesidad de venderlos en el mercado. Para Shusuke Yamada, estratega de divisas de Bank of America, este mecanismo representa una auténtica ampliación del arsenal de política financiera disponible para ambos gobiernos. Ya no se trata únicamente de comprar yenes, sino de convencer al mercado de que las autoridades disponen de recursos suficientes para sostener esa estrategia durante más tiempo y con menor coste, asegura. Es decir, que el verdadero cambio no reside en la intervención puntual, sino en el compromiso político que implica la participación directa de Washington. En su opinión, si el dólar volviera rápidamente a situarse en torno a los 160 yenes, quedaría cuestionada la credibilidad del Ministerio de Finanzas japonés y la del Tesoro estadounidense. La divisa nipona inició 2026 en los 152 yenes por dólar. Pero la persistencia de tipos elevados por parte de la Fed, la cautela del Banco de Japón y las dudas sobre la política fiscal del Gobierno de Sanae Takaichi llevaron la cotización hasta superar los 160 yenes y rozar incluso los 163-164 yenes por dólar la semana pasada, unos niveles inéditos desde mediados de los años ochenta y considerados una auténtica línea roja por las autoridades japonesas. Es lo que justifica el compromiso de Bessent de volver a intervenir sin dudarlo y la respuesta de Katayama de que no se trata de una operación puntual, sino de una auténtica estrategia de disuasión. La dimensión geopolítica entra en escena La entente cordiale entre EEUU y Japón posee una segunda capa de complejidad. El apoyo de la Administración Trump se produce en un instante delicado para el Gobierno de Sanae Takaichi, presionado por el aumento del coste de la vida, la pérdida de respaldo social y las dudas que suscitan sus ambiciosos planes fiscales. Un yen más fuerte reduce la factura energética, contiene la inflación importada y proporciona un valioso balón de oxígeno político a Tokio. Sin embargo, no parece que ese respaldo vaya a ser gratuito. Que la Casa Blanca presente de un modo notorio esta operación reservada a las aparentemente prudentes autoridades monetarias deja a los observadores internacionales con la certeza de que Washington intentará obtener contrapartidas en materias sensibles como la defensa, capitales estratégicos, comercio o algún tipo de maniobras orquestales en la oscuridad contra China. Las alianzas de EEUU nunca son gratuitas, precisa Sheila A. Smith, investigadora del Council on Foreign Relations (CFR). Cuando Washington invierte capital político o financiero para respaldar a un aliado, normalmente espera una mayor convergencia en sus prioridades estratégicas, avisa. En el caso de Japón, esa expectativa puede traducirse en mayores compromisos con los gastos en defensa, una coordinación más estrecha frente a China y un apoyo más visible a la estrategia estadounidense en el Indo-Pacífico. En línea con Christopher Johnstone, ex director para Asia del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca y socio de The Asia Group, para quien este reforzamiento de lazos bilaterales son cada vez más inseparables con la versión Trump 2.0. A su juicio, cualquier gesto extraordinario por parte del actual inquilino del Despacho Oval genera un elenco de contrapartidas a pedir en el terreno de la defensa, la seguridad tecnológica o la política hacia China. Aunque también supone una reinterpretación de guion en los mercados globales. Porque si el yen se estabiliza y los tipos continúan subiendo, parte de ese ahorro podría regresar al mercado doméstico, reduciendo la demanda de bonos estadounidenses y europeos y elevando el coste de financiación internacional. Japón está entrando en una nueva era crediticia y sus decisiones tendrán repercusiones mucho más allá de sus fronteras, anticipa Tim Adams, CEO del Institute of International Finance (IIF), lo que obligará a las bolsas a adaptarse a un mundo en el que el ahorro japonés deje de actuar como una fuente casi ilimitada de financiación para el resto de las potencias industrializadas. Harumi Taguchi, economista de S&P Global Market Intelligence, cree que el éxito o el fracaso de la intervención será determinante en las siguientes reuniones del comité ejecutivo del BoJ. Muy en especial, la de septiembre. En caso de que las compras de yenes sostengan la moneda, el BoJ probablemente podrá aplazar otra subida de tipos; en cambio, la depreciación reaparece, aumentará la presión para endurecer la política monetaria antes de lo previsto. Para Taguchi, el mercado de divisas ha dejado de ser una consecuencia de la política monetaria; ahora se ha convertido en uno de sus principales condicionantes.

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